El Don de escuchar siempre nos hará mejores seres humanos.

Lo más difícil para realizar este articulo ha sido como titularlo y me explico, como llamarlo para lograr que lo lean la mayor cantidad de personas posibles, la motivación para hacerlo ha sido el encuentro hoy con una chica afanada en encontrar personas que la escucharan lo que quería trasmitir, infructuosamente a pesar de sus modales agradables muchas personas a las cuales ella se dirigía la evadían manifestando su prisa, otras no se molestaban en contestarle, prácticamente no le dirigían la mirada, en una de las calles más céntricas de la ciudad de Elche, lo cual supone que mayoritariamente por ser el centro de la ciudad y encuentrarse los comercios más visitados, además, de tener precios altos, es una zona donde se concentran las personas de mayor poder adquisitivo pero no sensibilidad para atender a una persona que ignoran lo que quiere decirte.

Yo me encontraba sentado en un banco de una pequeña plaza, al ver el interés de ella y el amor que le dedicaba a su gestión me le acerque, ella debe haber reconocido en mi mirada mi interes por escucharla e hizo contacto conmigo y me trasmitió su interesante mensaje.

No se trataba de una vendedora lo cual para mí era evidente, tampoco pretendia pedir dinero para ella, su causa era más noble.

Esta chica de unos veinte años pertenece a una ONG que colabora con la ONU, su faena muy a pesar de los obstáculos que se le presentan es tratar de dar un mensaje en busca de ayuda para niños de Africa.

La chica era muy buena comunicadora, pero lo más importante para mi resulto ser las experiencias de ella vividas en un campamento de familias africanas, me mostro en una foto donde cientos de niños viven en condiciones infrahumanas, con signos evidentes de malnutrición y en extrema pobreza, estas son cosas que no ignoramos la mayoría, pero el don de escuchar que debemos tener todos siempre nos lleva a aprender algo que nos servirá para ser mejores seres humanos, aun cuando nuestra realidad no nos permita ayudar monetariamente.

El conocer que esos niños por su estado crítico de salud causado por el hambre no se le puede suministrar los alimentos que nuestros niños disfrutan porque su cuerpo no lo asimila y son sustituidos por unos complejos vitamínicos que lo sostienen con dos dosis al día para mantenerse vivos que solo cuestan 20 céntimos cada una, esto me hizo valorar como cada día nos lamentamos por no poder satisfacer vanidades, mirándonos en ese espejo debemos agradecer a Dios y permitir que en nuestro corazón cosas como esta nos enseñen a valorar lo que tenemos y a sentir regocijo si de alguna manera podemos ayudar a quienes solo mantenerse vivo lo valoran como esencial.