Novela Chifladura por entregas pág12

Al día siguiente, me levanté animoso y con no pocas ganas de hablar. Apetencia que satisfice al punto con papá y mamá (que el hermano mayor todavía aserrando troncos) en el desayuno: Les conté lo que a altas horas de la noche había soñado y, papá... no se hizo esperar:

_Danos tu personal interpretación de tan absurdo sueño.
_Que sin practicar la seducción soy un seductor nato...

Y, mamá... protectora, tampoco:

_Parece que el sueñecito está estrechamente relacionado con esa anécdota del saltito de cangura que anoche contaste...
_¡Ahí las dado, mamá!... Aunque, no solamente está ligado a esa anécdota...

Y de nuevo papá:

_¿Qué quieres decir con eso?
_Que la involuntaria seducción (tanto por mis facciones lindas como por mi elegancia notoria) es un tema que me lleva acompañando media vida. Si yo os contara...

Que no les conté: poniéndoles como excusa el poco tiempo que me quedaba para irme a trabajar; les pedí que dejáramos a un lado la entablada conversación a propósito de mi referido sueño y de las provisiones de boca que sobre la mesa de la cocina había, me desayuné con lo que habituaba (café con leche y una tostadita con aceite de oliva y sal); para tras un inmediato adiós, encaminarme hacia donde me tenía que encaminar y... como no había de estar toda la mañana en el camino; quiero recordar, que ya me llegué al chiringuito que ya saludé a mis compañeros que ya eché esa meadita que justo antes de aplicarse uno a la tarea se suele echar que limpiando rascando pintando nos pusimos en el medidía y... en fin, que doblamos el espinazo por dos horas más y ya Casimiro (a falta de campana) con consumada ironía, voceaba...:

_¡Al bollo! ¡Al bollo! ¡Al bollo!...

Y prestos, nos sentamos a un grueso tablón púlido que empotrado, por fuera, en el mostrador de la cocina hacía las veces de práctica mesa y...