Novela Chifladura por entregas pág11

como establecimientos por los que paso, son las que me atienden en la vueltecita que de la mañana a la noche, de tienda en tienda, me doy por el corazón de la gran ciudad. Pero, sueño sobremanera extraño: esas mujeres, que por lo general (cuando yo me entro en los establecimientos), me reciben y despachan desde fuera del mostrador, no son enteramente mujeres: sus extremidades inferiores así como una larga cola y la cabeza, son de cangura; aunque, todas se presentan a mi vista... estiradas de pestañas pintadas de ojos disimuladas de orejas por bien arregladas de pelo y embadurnados a modo de labios de mujer, sus hocicos. Pero, sueño significativamente extraño: tras escuchar solícitas lo que se me ofrece (yo les pregunto qué vale una barra de pan cuánto un café con leche qué vale una sardina arenque cuánto unas alpargatas qué vale la obrita festiva Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo etcétera), van y acercándoseme cuanto más pueden se me plantan hocico contra rostro y de pronto... ¡un admirable y graciosísimo saltito de cangura para apartarse de mí!

Por último,... parece ser que abandoné esa realidad supraimaginaria que llamamos soñar para conciliar el sueño a pata olvidada que es el dormir, profundamente...