Novela Chifladura por entregas pág9

_¡Éste hombre! [...]prestadme atención. ¿Os acordáis (esto viene de largo) cuando vivíamos en la casa del pueblo... y cada dos viernes ponía la sala de estar a disposición de una señora muy enseñorada, a fin de que unas cuantas vecinas que allí algunas tardes nos reuníamos; tuviéramos ocasión de comprarle a plazos vajillas, cuberterías, bisutería, etcétera,...? Bueno, pues, uno de esos viernes la aludida señorona (a la que entre nosotras apodábamos la Duquesa) me puso en un gran aprieto, apartir del cual, me negué a continuar con aquellas reuniones de la conveniente amistad, en casa: recuerdo que formamos entre todas una piña en torno a las mercancías, que la Duquesa, tomando una a una en sus manos, enfáticamente, nos enseñaba y con gran primor volvía a colocar sobre la mesa que rodeábamos... de manera que pudiéramos curiosear a nuestro gusto cuanto tiempo quisiésemos; hasta que cansadas de remirar y avalorar esta vajilla "no de loza sino de blanquísima porcelana", esa cubertería "de plata de ley", aquella bisutería "de lo más lograda", etcétera, decidimos (como preámbulo a posible adquisiciones) que había llegado la hora de tomarnos un cafetito con dulces, entonces...

Yo me senté junto a la Duquesa para tomar el café,
y a ella una ventosidad sorda se le escapó.
La atmósfera,
acusadamente se enrareció,
y nuestras vecinas alrededor pensaron que fui yo.

_Je, [...]menudo estribillo le has sacado a tan peculiar anécdota, mamá. ¡Eso es humor quintaesenciado y lo demás... es paja! - nuevamente enardecido, acabé por exclamar yo.
_¡...jo,jo,jo,jo,jo! ¡...jo,jo,jo,jo,jo! ¡...jo,jo,jo,jo,jo! ¡...jo,jo,jo,jo,jo! - no paraba, a cuerpo flojo, de carcajearse papá; pues, no había nada en el mundo que le hiciera más gracia, que el salero con que su queridísima esposa contaba lo que fuere...