Novela Chifladura por entregas pág8

tengo para mí que su saltito hubiera sido más saltito y su correr... hasta darte caza más correr, porque caza no te dio, ¿verdad? - se guaseó mamá, que cuando menos lo esperábamos salía con alguna ráfaga de humor.
_Bueno, ya, ya,... dejemos a la vieja en paz, que aún con los años que hace que está bajo tierra, no estoy muy seguro si ha podido dejar de sufrir sus juanetes; tampoco, si ha podido... dejar de pensar en mí. Si bien sé, que lo que es la cara me la vio poco...
_¡Buena, buena anécdota, papá!... Tan cierto es que no nos has defraudado lo más mínimo; como que el abuelo (que, también, en paz descanse), en los inviernos, al anochecido, se arrimaba cuanto más podía a la chimenea para calentarse a su placer los cojones - dije yo enardecido.
_Venga, hijo, ahora que estamos maravillosamente recreando el espíritu; cuenta tu anécdota con toda familiaridad, que probable sea que le dispensemos una buena acogida... - dijo mamá alentada.
_¡Por mis narices; que eso haré!... Como ya sabéis, esta tarde noche (a pesar de haber cumplido con un día duro de trabajo) me presenté envidiablemente entusiasmado; lo cual, atribuí a un curioso saltito de cangura que la nueva ayudante de cocina dio...

Y, bla bla bla...; o sea, que les puse en el conocimiento de la relación existente (según mi presuntuosa interpretación), entre mi enorme atractivo y el saltito de Trini. Pues bien, ¿cómo reaccionaron una vez hube terminado de contarles mi anécdota? Pude verme en sus miradas cual un presumido que disparataba...

_¡Mamá, mamá,... y tú... no tienes por contar ninguna "buena anécdota" (como dice papá) que de tan personal..., ya sabes, que... por vergüenza, embarazo, pundonor, etcétera; nunca nos hayas contado...?
_Pues... ¡sí que tengo una! Que después de tantos años agazapada en las entretelas de mi memoria; ya va siendo hora de que la revele...
_¡Vaya, con la mocita! - exclamó papá con los ojos llenos de desenfado: aquella noche, papá, parecía haber olvidado su habitual recato.