Novela Chifladura por entregas pág6

en la cama pensé efímeramente...: <<Vaya, vaya..., con el soldadete del hermanete...: Cuán leal siempre és en el servicio a su rey y señor...; qué devoción ha despertado en sí para poder consagrarse al servicio de su rey y señor... ¿Será el hermano mayor digno de algunos elogios... o, por el contrario, tan sólo es digno de no pocos palos a todo lo largo de la espalda...!>>.

Al fin, a duras penas pasando por encima la inopinada impertinencia de papá, volví mis pasos a la mesa de la cual poco antes me había retirado, resuelto a escuchar al rey y señor más que por lealtad y devoción...; acaso, por un poquito de filial compasión:

_Bueno, papá, aquí vuelve tu hijo para escucharte esa anécdota que con tanta urgencia nos querías contar...
_No, hijo, disculpa mi metadura de pata y... continua con esa tuya del saltito de cangura... de tu compañera...
_Definitivamente, no haré tal; ¡primero, refiere la tuya!, que nosotros somos todo oídos.
_¡Oh, oh, oh, hijo! ¿...no te das cuenta que te bajas del burro para, inmediatamente, volverte a subir en él? Bien, bien,... a por la anécdota: como hace un rato os contaba... cuando yo era un chavea, callejeaba sin descanso..., y, cierta tarde anochecida, viniendo (de ese callejear) por larga acera, me fui acercando a lo que tuve por un gato negro que, descuidadamente, reposaba en el umbral de la puerta de entrada de una antigua casa. ¿Pensáis que con lo que por aquellos años me gustaba hacerle perrerías a los animales, sobre todo a los gatos, me hice esperar? ¡Jamás penséis eso!... Porque hice lo siguiente: de primera intención, me llegué a aquel gato y le asesté tal patadón en lo que me pareció ser la cabeza, que sin nada exagerar, se hizo el silencio a lo menos durante cinco minutos; cementerio, que trajo a la sesera que ya de fijo era gato muerto. ¿Qué hice pues? Acercarme algo más para confirmar o no lo que sospechaba. ¿Qué si lo pude confirmar?... ¡Qué va...! ¡Menuda sorpresa la mía!