Novela Chifladura por entregas pág2

_¡Hombre,... con esas me vas a salir? Eso es muy poca cosa, di algo más- me dijo como queriendo forzar mi disculpa.

_¡Qué partan más!- añadí yo, sin contemplaciones.

Mis nuevos y desprevenidos compañeros, entonces; soltaron, por cabeza, dos prontas risillas prontamente abortadas... descuido, que al dueño le confirió un semblante como para haber dicho que aquel impensado regodeito no tenía ninguna gracia. Pero, se contuvo. Y se puso a hacer las presentaciones pertinentes:

_Casimiro, Rogelio; Rogelio, Casimiro.
_¿Qué tal?
_Tal cual.
_Trinidad, Rogelio; Rogelio, Trinidad.
_Tanto gusto.
_Más el mío.

Para muy pronto (ya libre del engorro que por lo visto le acababa de suponer el presidir la breve ceremonia de estrecharnos las manos por estrechárnoslas) decirnos, inesperadamente:

_¡Os dejo...! Los útiles de limpieza y pintura y cuanto necesitáis lo encontraréis en el cobertizo de la trastienda.

Era hombre de no gastar palabras en balde de no perder tontamente el tiempo: ni siquiera malgastó un minuto en hacernos saber que Casimiro y Trini constituían (al sustituir a Tiburcio y a Merche) dos nuevas incorporaciones para la cocina. Era hombre práctico: [...]sospecho que pensó "...tiempo de sobra tendréis a lo largo del verano, para conoceros y aburriros unos de otros".

Así, tan pronto como pudimos, nos llegamos al cobertizo y... Casimiro, no casi-miró sino que miró bien y se fue derecho a por una escoba que descansaba en un rincón; Trini, diligente, se fue directa a por una espátula que dormía en el escalón segundo de una escalerilla y yo (coincidiendo en la intención), di un par de buenos pasos hacia esa misma espátula...