Primicia en Cherada.net: novela Chifladura por entregas

Como decidieron, repentinamente, vender la discoteca que me había empleado durante las cuatro últimas temporadas de verano (los camareros y demás personal subordinado fuimos despedidos de un día para otro y apenas finiquitados), me vi obligado a buscarme un nuevo empleo; búsqueda, que en un principio, no conseguí llevar a buen puerto... de modo que, ante la inminencia de los calores, me enderecé al chiringuito, en el cual, cinco años atrás, había prestado mis servicios también como camarero y,... una vez allí; le pedí trabajo al dueño. Sin pensárselo dos veces me aceptó; pero, con la condición de que participara (a lo largo de una semana, junto con otros dos nuevos empleados) de las tareas propias de limpieza y pintura previas a la apertura del establecimiento. Le estreché la mano en señal de trato hecho. Acto seguido pasó a hablarme de contratos derechos sueldos y horarios.

_Entonces,... ¿pasado mañana, por la mañana, de faena?
El dueño se limitó a asentir con la cabeza y yo me fui con la tranquilidad que al espíritu aporta un acuerdo laboral conveniente.
Llegó el día previsto y la puntualidad no fue virtud destacada en ninguno de los empleados que, de mañana, habíamos de encontrarnos en el chiringuito: el dueño nos había citado a las ocho en punto de la mañana y cuando nosotros, casi los tres al unísono, nos hicimos presentes y estuvimos en la distancia de mirarle a la cara y darle los buenos días... pasaban de las ocho cerca de un cuarto de hora. Sin embargo; el dueño no nos reconvino al respecto, bien que hizo un amago de sagacidad al otorgarme la primera palabra:

_Rogelio, dime algo- me dijo como astuta manera de intentar sonsacarme alguna disculpa con respecto a mi impuntualidad, a un tiempo que indirectamente les llamaba (por la misma causa) la atención a mis nuevos compañeros de trabajo.

_¡Qué partan pan!- le dije yo determinado a no hacer concesión alguna.