Un día cualquiera

El despertador suena a las seis y media de la mañana y lo apago con furia. Me levanto medio sonámbula, ducha rápida y visita aún más rápida a la página de bwin para hacer una mini apuesta. Colorete y al metro. Hoy está bastante lleno, encuentro un rinconcito donde aislarme y abro mi libro. A mi alrededor la gente tiene la misma cara de sueño que yo. Algunos escuchan música por sus auriculares. La de alguno está tan alta que la oye todo el vagón, va a quedarse sordo.

Jornada laboral

Tras un trasbordo llego a la oficina. Café con dos de azúcar y croissant, lo mismo que Sabina, y a trabajar. Enciendo el ordenador y abro el correo, verdadera agenda de las tareas del día. Mi jefa me pregunta si está listo lo de ayer. Llega mi compañero, contando su última aventura sentimental. Parece que no será la última?
La parada de la comida suele ser divertida, un momento de relax. Cada uno tiene una historia que contar, siempre hay un debate abierto. La tarde se hace pesada, se nota el cansancio que va acumulándose. El reloj se acerca a las cinco y media, por favor que no surja un trabajo de última hora... no, bien, llegó la libertad.

El final de la jornada

Regreso a casa caminando un poco, miro escaparates aunque no compre nada. Al llegar me espera hoy la plancha, afortunadamente no mucho. Pongo una película de fondo que entretenga la tarea. Mañana espero poder quedar con una amiga? la mente se distrae del trabajo y de la película. Y con esto se acaban las obligaciones por hoy. Ahora un poco de tele, algo de lectura o cotillear el facebook. De nuevo al ordenador, compruebo la página de bwin: ¡La apuesta de esta mañana dio sus frutos! El paseo de la semana que viene no será sólo de mirar escaparates. Qué bien. Ya tengo una ilusión al acostarme hoy. Y ya queda menos para el viernes.