Ni Hablar del Peluquín

Como adolescentes la simple idea de filmarnos nos mantenía excitados, yo acepte con la condición de que solamente me filmaría de espaldas porque la verdad tengo un culito envidiable, no así la panza cervecera que por más que trato no puedo perder.

Se llego la fecha ansiada y llegamos los dos maleta en mano deseosos y a la vez casi a punto de desistir, sin embargo nos dimos ánimos mutuamente. Se presentaron mil problemas técnicos, el tripié no alcanzaba la altura ideal para filmarnos desde un buen ángulo en la cama pero con un par de libros gruesos lo solucionamos después, el problema era la iluminación cosa que nos obligo a terminar filmando en el comedor que es donde encontramos la mejor luz. Terminamos colocando la cámara en una vitrina entre las copas de cristal cortado y nos olvidamos del tripié. Dolorosamente aprendimos que no se debe hacer el amor sobre una mesa de pedestal.

Después de la caídsa, frustrados suspendimos la filmación recogimos todo para no dejar evidencia, quedamos tan adoloridos que no intentamos nada mas allá de un abrazo durante todo el fin de semana. El martes recibí una llamada de mi hermana mientras atendía mis asuntos en la oficina, muerta de risa me dijo que les encanto nuestro video de bodas no dejamos ninguna evidencia a excepción de la cámara olvidada entre las copas de Bohemia.