Un encuentro inesperado

Normal 0 21 Era un día soleado de principio de primavera. Salía de la clínica dental Madrid me recibía con una tarde preciosa. Había acudido allí a que me arreglaran una prótesis dental que me estaba dando la lata. Estaba contenta porque el resultado era perfecto y ya podía olvidar todos los malos ratos pasados. Me acerqué a mi coche y la alegría desapareció: Tenía una multa de aparcamiento.

Los problemas crecen

Miré y remiré y no encontré ninguna señal de prohibido, la zona de estacionamiento no estaba regulada, nada que indicase qué hubiera cometido una infracción. Decidí llamar a la policía a ver qué podía haber pasado. Marqué el número en el móvil y entonces me di cuenta de que ¡apenas podía hablar! La anestesia inyectada para colocarme correctamente la prótesis dental aún hacía efecto, mi lengua estropajosa no era capaz de articular palabra. Al otro lado de la línea el policía pensó que intentaba bromear y contestó amenazante? me apresuré a pedir disculpas como pude y colgué.

¿Qué hacer? Con la alegría con la que había salido de la clínica dental, Madrid ahora se ponía en mi contra. Pero no pensaba pagar una multa indebida, y tampoco podía quedarme cruzada de brazos hasta que la anestesia me permitiera hablar

Las maravillosas casualidades

Entonces pasó por allí una pareja de agentes municipales. Los paré y? ¡uno de ellos resultó ser uno de mis mejores amigos de la infancia! Hacía muchísimos años que no nos veíamos, y los dos nos sorprendimos de la enorme casualidad de habernos reencontrado en una ciudad tan grande. Les expliqué mi problema con la multa, y vieron que el error estaba en que la sanción no era para mí. Era para un coche con una matrícula diferente. Probablemente algún gracioso había cambiado el papel de un parabrisas al otro.

Y cómo él estaba de servicio, quedamos en cenar juntos con nuestras respectivas familias para el siguiente sábado y recordar viejos tiempos. Así que gracias a mi recién estrenada prótesis dental tuve un maravilloso reencuentro inesperado.