Gombrowicz y la técnica literaria

Muchos "escritores" cuando acometen la creación literaria son partidarios de una dependencia absoluta de la forma pura. Otros tantos reniegan por completo de toda construcción racional y al tomar la pluma se mantienen fieles a una lírica sumamente personal. Gombrowicz, en cambio, creaba tan libremente respecto de tales tandencias "creativas" que como resultado de ello le surgía de forma invariable una tercera cosa, intermedia, algo que no parecía estar escrito por él y sin embargo era suyo, <<algo que ni es forma pura, ni tampoco expresión mía directa, sino una deformación surgida en la esfera del entre: entre yo y la forma, entre yo y el lector, entre yo y el mundo.>> Dejará escrito en su Diario.


El sueño y la creación literaria. El primer sine qua non ingrediente del cual Gombrowicz se servía en su cocina a la hora de crear era el sueño: en cuanto se ponía ante la cuartilla inmaculada queriendo escribir narrativa o teatro se adentraba en dicha esfera porque sabía al igual que Kafka y otros pocos grandísimos escritores que saltar al reino del sueño en el momento de acometer la creación literaria le proporcionaba una suerte de indecible libertad de imaginación la cual poseía la virtud de revelar de un modo incomparable su realidad personal. Ferdydurke es el ejemplo más claro de una plena participación del recurso del sueño en la génesis creativa del autor polaco.

La imaginación en la redacción Gombrowicziana. Tras entrar en la esfera del sueño, Gombrowicz tomaba la pluma con un primer fin en mente: desatar por entero la imaginación. Si bien el objeto capital de esta escritura que no tiene en cuenta la realidad es conseguir la clave creativa adecuada. Para ello seguía los siguientes dos pasos:
1. Escribía unas veinte páginas de la primera historia que se le ocurriese. Luego lo leía.

En esas veinte primeras páginas escritas, con la lectura de éstas, buscaba el elemento excitante: una escena, unas cuantas frases sueltas, una metáfora.

2. Volvía a escribirlo todo una vez más tratando de que tales elementos excitantes se convirtieran en la trama, y seguía escribiendo con el único pensamiento de satisfacer las necesidades de su imaginación.

Durante tal segunda redacción, su imaginación tomaba ya una dirección determinada, y llegaba a unas asociaciones nuevas que definían con más claridad su campo de acción.