La mujer a los cuarenta

Pasados los cuarenta la mujer como la rosa sus colores atenúa, sus pétalos aún no han caído en la yerba del jardín, su aroma todavía vuela por el aire embriagándonos, es tan bella como el capullo de quince años, es la misma flor en su pleno desarrollo, sus pétalos bien abiertos para que el zunzún pueda libar su miel. La caricia del sol le brinda más resistencia para soportar los embates de la vida, fortalece sus espinas para defenderse de quien confunda su belleza con fragilidad y quiera maltratar tan divina creación natural.

En el momento que la naturaleza perfecta cobra los atributos entregados durante la vida y hay que pagar la experiencia que pesa en las piernas, les hacen susceptibles y como verano intenso se vuelven sofocantes sus días, retira la savia fértil que ha acompañado desde capullo, ya convertida en mujer adulta que ha ido cediendo a nuevos frutos poco a poco su vida, perpetuando su continuidad, se sienten muy agradecidas de cambiar su belleza exterior por la que no se ve, pero en el corazón anida y la acompaña por siempre en sus nuevos retoños.

Del buen jardinero es la responsabilidad de cuidarla, ella es quien embellece tus días, te acompaña, ayuda a criar y dar amor a los nuevos retoños que nacen de la unión del matrimonio, biológicamente es la etapa mas difícil que ellas atraviesan y sus espinas se hacen más aguzadas, en ocaciones hieren involuntariamente, es el momento de demostrar amor a nuestra compañera y usar la paciencia, regando cada día a nuestras hermosas rosas con cariño y comprensión, la clave es la atención cultural a tu cosecha sistemáticamente, no permitiendo que las plagas puedan penetrar y destruir algo tan sagrado como el matrimonio, el camino a la felicidad está plagado de obstaculos, superarlos juntos en esta etapa de la mujer permite cosechar amor para toda la vida.