La magia de los mandalas

El mandala es una expresión gráfica de dos dimensiones, generalmente de geometría circular. Este tipo de expresiones artísticas provienen de las culturas orientales, y si investigamos un poco podemos descubrir que los monjes en el Tibet aún utilizan esta práctica como herramienta para templar el espíritu. Es una forma de meditación activa que consiste en construir mandalas extremadamente complejos y trabajosos con arena, de modo que no sólo están mucho tiempo esforzandose en llevar a cabo la tarea sino que también contemplan como el mandala se deshace rápidamente a los pocos días de haberlo terminado. Esto les permite percibir lo efímero de la existencia individual y lograr así una mayor comprensión de sí mismos y del mundo que los rodea.

La confección de un mandala además aporta otros beneficios a quién lo realiza, un erudito en el tema ha sido el reconocido psiquiatra Carl Gustav Jung, quien puso especial énfasis en utilizar este tipo de práctica dentro de un marco terapéutico para integrar aspectos disociados de la personalidad de los individuos. Jung sostiene que al confeccionar un mandala la persona inconcientemente expresa su propio universo al igual que la búsqueda de un equilibrio interno. Esta práctica está muy relacionada con el proceso de individuación que Jung consideró esencial para lograr una vida equlibrada y sana..

Lo importante es equilibrar los opuestos de modo que no se tenga que recurrir a formas de compensación inadecuadas que conducen a comportamientos adictivos u obsesivos. La famosa lucha del bien contra el mal es un claro ejemplo de opuestos en conflicto; la cuestión está en descubrir cómo equilibrarlos. Los conceptos de lo correcto y lo incorrecto están presentes en las mentes de todas las personas y muchas viven conciente o inconcientemente un eterno conflicto interno al no poder congeniar ambos abierta y explícitamente.

Un punto importante en este proceso es meditar cuidadosamente acerca del significado que el centro del mandala tiene para cada uno; según cómo se lo mire puede ser un lugar donde confluyen o de donde parten los elementos del mismo. Se puede considerar que este centro es como el ojo de la tormenta, en medio de un tornado siempre existe un lugar de calma, ese sitio en particular que está contenido por todo lo que lo rodea, una especie de lugar preferencial y único alrededor del cual todo se mueve y cambia vertiginosamente.

En cualquier mandala que la persona pueda dibujar, este centro representa el lugar donde los elementos se crean y a su vez donde todo aquello que no encuentra un lugar va a parar para reciclarse, es así como las cualidades opuestas: bien-mal, introvertido-extrovertido, agresivo-pasivo y muchas más confluyen allí, que es donde lo "mágico" sucede, "los extremos se tocan" y se produce un despertar, se experimenta algo así como la fusión y creación de un nuevo concepto.
Lo interesante es que este proceso nunca acaba, siempre surge algo más que integrar; más aún, los opuestos siempre siguen existiendo como tales. Estos mecanismos son tan complejos e incomprensibles que cada vez que vivenciamos un estado de este tipo nos maravillamos y sentimos una recarga de energía que hay que tratar de reinvertir en el mismo proceso, aunque muchas veces esto sucede de forma natural y espontánea. Nuestras propias acciones nos conducen tarde o temprano a enfrentar nuevos elementos disociados que necesitan ser integrados y en cada ocasión lo que ocurre es tan misterioso como lo ha sido siempre.

Una forma sencilla de visualizar este proceso es suponer que armamos un puente cuyos extremos son el optimismo y el pesimismo, integrar dentro nuestro estos aspectos muchas veces es difícil. A medida que construimos este puente vamos añadiendo tablones de madera, un buen día descubrimos que hemos "conectado" los dos extremos por medio del puente, tal vez no podamos ir y venir pero ya contamos con el hecho de que están conectados y si continuamos armando este maravilloso puente llegará el día en que podamos cruzar de un lado a otro sin demasiadas vueltas.
Entonces, según este esquema, el día que estamos pesimistas (es inevitable en algún momento u otro lo estamos) sabemos que, en breve, unos tablones más allá estaremos un poco más optimistas, eso sería haber logrado parte de la integración de estos dos opuestos.

En nuestra existencia hay muchísimos opuestos, todos puentes en construcción con tantos tablones como hayamos querido y podido construir para transitar nuestro propio camino de forma más o menos equilibrada, más o menos saludable, más o menos feliz.