Voy a ser papá... ¡qué miedo!

Cada hijo representa un nuevo desafío, nuevas inquietudes y temores y es que cada uno es una persona diferente, con su carácter, sus gustos, sus mañas. De lo único que se puede estar seguro es que primerizos o no, ¡todos los padres se equivocan!

La noticia de que un hijo viene en camino suele dejarnos atónitos por un momento y es que los pensamientos se centran en un ser indefenso al que no sabemos si podremos cuidar. Con el primer añito, aunque los regalos son para el niño, los padres desbordantes de felicidad festejan el buen trabajo que han hecho, recordando con una lagrimita lo difícil que fue el primer pañal.

En realidad lo difícil comienza luego de los dos años, el pequeñín comienza a hablar y luego hace miles de preguntas, y ya no se divierte si nos escondemos detrás de la sábana.

Elegir la diversión perfecta se convierte entonces en una tarea titánica, lo que perdemos de vista es que los integrantes más jóvenes de la familia disfrutan más de estar con sus papis que otra cosa.

Si al llegar a casa lo observas mientras juega, te llevarás una agradable sorpresa: ¡tu hijo te observa todo el tiempo!, imita tu forma de caminar, la forma en que hablas, cómo comes e incluso intenta muchas veces al día cambiar de papeles con vos.

La suerte de ser padre ¡es tener un hijo!, y es esa gran personita la que va a ayudarte día a día a ser el mejor padre de todos. Enséñale un montón de cosas a tu hijo, pero sobre todo no pierdas tiempo y empieza ahora mismo a aprender de él y con él.