Sevilla, una maravilla...

Conocí a mi actual esposa hace más de cinco años en la isla de Ibiza, concretamente en Portinax, una bella playa rodeada de hoteles y complejos turísticos.

Ambos trabajábamos en uno de tales hoteles; ella como camarera de pisos y yo como camarero.

Planeé que cuando termináramos la temporada de verano nos iríamos a vivir Sevilla.

¿Por qué a Sevilla? Yo tenía inquietudes literarias y concibía Sevilla como una ciudad idónea para encauzar mi vocación.

Finalmente conseguí convencer a mi pareja de que nos fuéramos a vivir a Sevilla.

Terminamos la temporada y nos plantamos en Sevilla.

¿Era Sevilla una maravilla? Para no pagar un alquiler de 500 euros más un depósito de otros 500 euros; nos alquilamos una habitación en un piso compartido: con depósito 600 euros total.

Ya estábamos instalados en Sevilla.

Y, lógicamente, nos dedicamos a explorarla.

Sí, a explorarla: digo a explorarla porque en realidad salíamos cada día con la intención de buscarme un trabajo de camarero para instalarnos definitivamente.

Pero, según andábamos las calles sevillanas, veíamos los monumentos de Sevilla, degustábamos el surtido infinito y delicioso de las tapas de las tascas y tabernas sevillanas, entrábamos en contacto con el "señoritismo" y la "picaresca" de sus gentes; la intención de la búsqueda de empleo se anestesiaba y el gozo por vivir Sevilla nos embargaba cada día más.

¡Ay, qué deliciosos eran los menús sevillanos! ¡Ay, qué buenas tapas! ¡Qué saludable andar por sus calles llenas de salero e historia! Tras un mes de llevar tan deliciosa vida también, después, pasamos nuestros apuros en Sevilla.

¿Sevilla? Al menos por un mes fue para nosotros una maravilla.

Pero ¿y mi vocación...

¿Escribí algo? Sí, el inicio de terminada novela Chifladura.

Actualmente, vivimos en Murcia y tenemos un niño de tres años y sigo siendo un candidato a escritor serio.

Pero, ¿volveré algún día como consagrado escritor a Sevilla? ¿A vivir su duende y sus tapas con mi mujer y mi hijo?...