Lograr bienestar a través de la expresión corporal.

Imaginemos que en algún lugar de este vasto universo existiera la quietud absoluta, un espacio donde todos los objetos estuvieran inmóviles, un todo estático e inmutable, eternamente igual a sí mismo en todo momento. En un ámbito como el descripto hasta el concepto de tiempo no tendría sentido, el tiempo como lo concebimos es fruto de la percepción de los ciclos, los cambios y los movimientos.

Nuestra mente no podría imaginar realmente un universo de estas características porque simplemente nuestro origen y devenir se da en un mundo dinámico, lleno de vida y de cambio. Desde el momento en que percibimos con todos nuestros sentidos y comenzamos a tomar conciencia de ello, nos bombardean millones de estímulos, tanto internos como externos.

Al comenzar nuestra existencia humana, nuestro cuerpo dispone de cinco sentidos físicos y también de un campo mental, todo maravillosamente interconectado. Así es como recibimos información de lo que somos y lo que nos rodea. Dicha información no es precisa ni uniforme, nos llega confusa y demasiado entremezclada como para comprenderla fácil y rápidamente. A las personas nos lleva bastante tiempo interpretar nuestra realidad, en la que nos hallamos totalmente inmersos, y encontrar nuestro propio espacio para poder desarrollarnos íntegramente.

El ser humano cuenta con un potencial interior asombrosamente amplio, en consecuencia el cuerpo y la mente espontáneamente exploran, juegan, crean y se expresan; van creciendo codo a codo buscando experimentar cuanto movimiento e idea les sea posible.

Una de las características distintivas de nuestra especie es el pensamiento abstracto de cada ser humano que es fruto de este contínuo desarrollo y crecimiento coordinados de nuestro cuerpo y nuestra mente. Al ser capaces de pensar de forma abstracta también sentimos la necesidad de comunicar esto a través de un lenguaje más complejo que el corporal, y entonces desarrollamos el lenguaje oral y escrito.

Los movimientos para las personas es esencial, al movernos sentimos que estamos vivos porque la vida se expresa con movimientos y cambios. De modo que al mover nuestro cuerpo se mueven también nuestras motivaciones e ideas, y si logramos canalizar toda esta energía cinética aumenta nuestra comprensión y nuestra conciencia se expande.

Existe una contínua reciprocidad entre cuerpo y mente, si el cuerpo funciona bien, la mente también lo hace y viceversa. Si no cuidamos nuestro cuerpo, nuestra mente enferma y si a su vez no cuidamos nuestra forma de pensar es el cuerpo el que enferma.

El desafío reside en buscar el equilibrio, encontrandolo a veces y otras no, en este intrincado mundo de relaciones humanas y energías contrapuestas en constante cambio.

Muchas veces se vuelve desestabilizador sobrellevar conscientemente este contínuo intercambio de ideas y emociones tanto positivas como negativas, pero vale la pena el esfuerzo ya que al final del sendero se encuentra la tan ansiada paz interior.