¿Quién dijo miedo?

¿Quién dijo miedo? Tener miedo es algo natural. Todos tenemos miedo. Forma parte de nuestra naturaleza animal. Podemos tener miedo a un peligro real o quizás a algo que no lo sea tanto. El miedo se configura como un mecanismo de defensa de nuestra psique. Tenemos miedo de ciertos hechos y eso nos ayuda a sobrevivir porque los evitamos o resolvemos como podemos las situaciones que provocan nuestro miedo. De nuestra habilidad para superar el peligro depende nuestra vida o nuestra salud, tanto física como psíquica. Nos enfrentamos a situaciones que producen miedo porque tememos las consecuencias o porque nuestra vida corre peligro. Sin embargo, hay momentos en los que el miedo aparece y no sabemos ni podemos resolver con valentía. E incluso nos domina hasta el punto de paralizarnos.

El miedo puede ser racional o irracional. Racional si lo concebimos como esa clase de miedo que podemos tener todos a hechos que objetivamente producen miedo. Pero hay otra clase de miedos que no siguen un patrón lógico, no hay una causa fundada para que aparezcan y en algunos casos, no permiten llevar una vida con normalidad, las fobias. Se trata de miedos que producen reacciones de intensa ansiedad, duraderos y persistentes a lo largo de nuestra vida y que hacen que cuando la persona se cruza con el objeto/persona/situación/número/etc se comporte de forma desproporcionada e incontrolable.
Lo más normal es que si un individuo sufre alguna clase de fobia de esta clase, pese a ser consciente del terror que siente e incluso de la irracionalidad del mismo, no sea capaz de dominarlo o dejar de sentirlo. O vive con él o intenta curarse, pero debe estar preparado porque afrontar una fobia es tan duro como enfrentarse a sí mismo. Ponerse en manos de un experto para seguir una terapia acorde con un diagnóstico serio. Tanto la corriente cognitiva como la conductual proponen terapias de tratamiento basadas tanto en la exposición al agente de la fobia o desensibilización.

Podemos distinguir dos clases de fobias a groso modo. Las de carácter más específico en las que el miedo se asocia a una situación concreta, como el miedo a viajar en avión (aerofobia), a las escaleras mecánicas o a objetos o a personas concretas, como a los payasos (coulrofobia). Dentro de este tipo también podemos encontrar el miedo a los fenómenos naturales como el miedo a los rayos y a las tormentas (brontofobia). El temor enfermizo a los animales, se denomina zoofobia. Pero ¿Quién no conoce a alguien que tenga miedo a los perros (cinofobia)? ¿O a los gatos (ailurofobia)? ¿a las serpientes (ofidiofobia)

Resultan más preocupantes para los que las sufren aquellas fobias de carácter social. Cuando una persona se encuentra en una situación social que le produce una ansiedad tal que evita ese tipo de situaciones cuando no todas como medida preventiva como hablar en público o glosofobia, a los desconocidos, a las multitudes (enoclofobia)... Lo que puede afectar y sin duda afecta a su vida personal. Son fobias mucho más perjudiciales en la vida de una persona que las específicas, puesto que resulta más sencillo evitar un hecho específico que nos altera que si a la persona le produce histeria ser tocada (afenfosfobia). Las fobias sociales son mucho más traumáticas, porque en el caso de que se agudicen, la persona va a seguir un círculo vicioso de aislamiento y su comportamiento puede resultar enfermizo hasta el punto no poder mantener una vida normal, dentro de lo que pueda ser considerado normal (salir a la calle, quedar con amigos, mantener una conversación, tener un trabajo?).

Citaré algunas de las fobias más comunes autofobia, miedo a estar solo o a uno mismo. Por otro lado, los sociofóbicos, generalmente adolescentes, temen hasta la paranoia a ser juzgados en situaciones sociales; La agorafobia, que ya he citado y su antónima la claustrofobia. El conocido miedo a las alturas o acrofobia. La antropofobia: el pánico enfermizo a las personas o a la sociedad y la emetofobia: temor al vómito y a vomitar en público, más concretamente lo que limita a los enfermos en cuanto a comidas sociales y otro tipo de eventos.

Resulta complicado delimitar las causas de una determinada fobia en una persona concreta. Probablemente no exista solo una. Además, dada la grave perturbación de la vida personal de los individuos que padecen una fobia, aquellos que sufren terrores tan profundos no suelen hablar de ello. Por otro lado, el subconsciente es tan complejo y desconocido que resulta difícil cuando no imposible atribuir un miedo o una fobia a algo concreto. Es decir, quizás sí que hemos sufrido experiencias traumáticas, más o menos intensas, de las que se podría afirmar que han llegado a generar una fobia. De ahí, una persona que se ha caído de un caballo puede experimentar equinofobia. Sin embargo, podría ocurrir que no existiera ningún hecho significativo origen de una, pero la persona puede identificar un momento en el que estuvo a punto de ocurrir o quizás en ese momento pensó que podría pasar algo malo y la sensación provocó la fobia, quién sabe. O tal vez fue el resultado de múltiples sucesos encadenados.

Existen infinitas circunstancias que pueden causarla y de las que no somos conscientes o no llegamos a recordarlas porque fueron sensaciones momentáneas e impresiones subjetivas fugaces. Nuestra infancia está plagada de ellas. Las percepciones de un bebé o un niño son completamente diferentes a las de un adulto. La percepción de la realidad depende de muchos factores, pero el desarrollo cognitivo es fundamental. Los hechos se contemplan de otra forma y tienen una magnitud diferente. Quizás no se recuerdan por triviales o lejanas en el tiempo, pero pueden haber creado una impresión en nuestro cerebro que servirá para forjar nuestro carácter y por supuesto, la aparición de determinados miedos o fobias. Quizás fue una imagen, o una reacción de alguien que entendimos como mala o un gesto que no comprendimos o un sonido fuerte después de algo? Y ahí empieza todo.