La creación argentina vista por Gombrowicz

¿Programación creativa?

Gombrowicz puso en evidencia la ingenuidad de los artistas argentinos precisamente por pretender aquellos acometer semejante absurdo: _¿Programar la creatividad? ¡Ja! Y se explicó: que la creación no podía deducirse de lo que ya era, pues ella no era una consecuencia: que tiraran por la borda el culto al indio, la sumisión a la Madre Patria España y a la Santa Madre Iglesia Católica, el estudiar a Marx para acojerse a la dictadura del proletariado así como dejarse idiotizar por los nuevos ismos que afloraban en la cuidad luz.

El creador argentino


Para el perspicaz Gombrowicz (fin de los cincuenta) todavía no había nacido la creación argentina. Por lo cual, les marcó a los "artistas" argentinos dos requisitos sin los cuales, por mucho que se devanaran los sesos, no nacerían como auténticos creadores. Los dos requisitos:
1) Olvidaos que sois argentinos y sobre todo que "queréis" ser argentinos..., sudamericanos.
2) Separaos de Europa en la consciencia de que aspirar al nivel europeo implica matar vuestra propia realidad personal y por tanto la renuncia a vuestra autenticidad artística.

¿Por qué yo no soy creativo?


Puesto que los "artistas" argentinos querían solucionar su falta de creatividad apoyándose en abstracciones (aspiraciones) que violaban sus respectivas naturalezas de posibles creadores únicos e irrepetibles; Gombrowicz, tratando de curarlos, les prescribió la medicina idónea: para curaros de vuestros males discutirlos pública pero individualmente. El secreto está en la primera persona del singular. ¡En el <<nosotros>> a la hora de crear todo se paraliza! ¡Cambiad el <<nosotros>> por el <<yo>>!

El "yo" y la potencia creativa

Gombrowicz sabía muy bien que la única cuestión pertinente para recuperar la potencia creativa debía partir de la propia vida. Sin embargo, el "creador" argentino, debido a un exceso de ingenuidad por no aludir a una carencia de audacia en el momento de plantear cuestiones en torno a su impotencia creativa; continuaba encallado en las viejas cuestiones que partían del <<nosotros>> paralizador: <<¿quiénes somos?>>, <<cuál es nuestra verdad?>>, <<¿a qué debemos aspirar?>>, <<¿por qué "nosotros" no podemos crear?>>. Lo cual demostraba su caso omiso a la sanísima prescripción del audaz Gombrowicz, es decir, nunca la cuestión individual: <<¿por qué yo no puedo crear?>>.